miércoles, 8 de enero de 2020

Una lectura política del Evangelio según San Juan (1), José M. Abreu

Por su trascendencia teológica, publicaremos por entregas este importante documento ensayístico y académico de José M. Abreu. No se trata de politizar el Evangelio, sino reivindicar una lectura teológica holística enmarcada en la Liberación endógena (individuo) y exógena (colectivo) que nos propone Jesucristo. JCDN.


Una lectura política del Evangelio según San Juan (1)
José M. Abreu

RESUMEN:
Una antigua tradición, divulgada por Clemente de Alejandría, dice que Juan, después de comprobar que los hechos corporales de la vida de Jesús ya habían sido narrados, escribió a instancias de sus más íntimos amigos y hermanos "el evangelio espiritual". De modo que al hablar de política en el Evangelio de Juan, algunos podrían pensar que se estaría distorsionando la intención original del evangelista. Sin embargo en este trabajo afirmamos exactamente lo contrario. Al abordar el Evangelio de Juan desde una perspectiva política hacemos honor a la peculiar visión juanina de la historia. Esta visión de la historia está expresada en la Encarnación de Dios-Verbo en el hombre Jesús de Nazaret.
PALABRAS CLAVES:
Evangelio de Juan, encarnación, cristología, lectura política, reino y reinado de Dios, Romajudíos, mundo, tinieblas, juicio, escatología.
INTRODUCCIÓN
Muy posiblemente la investigación de algunos aspectos políticos en el Evangelio de Juan resultará un tanto extraña para quienes consideran que dicho Evangelio es el resultado de una progresiva espiritualización de la figura de Jesús. Una antigua tradición, divulgada por Clemente de Alejan-dría, dice que Juan, después de comprobar que los hechos corporales de la vida de Jesús ya habían sido narrados, escribió a instancias de sus más íntimos amigos y hermanos "el evangelio espiritual". De modo que al hablar de política en el Evangelio de Juan, algunos podrían pensar que se estaría distorsionando la intención original del evangelista.
Sin embargo en este trabajo afirmamos exactamente lo contrario. Afirmamos que al abordar el Evangelio de Juan desde una perspectiva política hacemos honor a la peculiar visión juanina de la historia. Esta visión de la historia está expresada concretamente en la enseñanza central, en el eje doctrinal, del Evangelio de Juan: en la Encarnación de Dios-Verbo en el hombre Jesús de Nazaret.
Interpretar el Evangelio de Juan desde esta perspectiva significa considerar seria y profundamente el hecho de la Encarnación. No decimos esto por puro afán de modernidad, ni por querer sintonizarnos con una cierta corriente de Interpretación bíblica nacida en América Latina. La Encarnación de Dios en el hombre Jesús tiene una dimensión política natural, con enormes posibilidades para el reflexionar teológico evangélico latinoamericano.
Para la fe cristiana, la Encarnación es un hecho histórico, y como tal posee su propia realidad. Esta realidad deviene de la inserción de la vida de Jesús de Nazaret, el Logos-Carne, en medio del acontecer de la vida de sus contemporáneos. Y en este acontecer, el factor político era vitalmente importante. El nacimiento, la vida, el ministerio o compromiso público, la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret no son acontecimientos dados en un vacío temporal y espacial. Separar el hecho de la Encarnación de su contexto cultural e histórico es simplemente hacer mitología.
Indudablemente, un tratamiento político del Evangelio de Juan tiene que considerar la particular visión juanina de la vida do Jesús, la cristología derivada del concepto de Encarnación y sus implicaciones históricas, el concepto de "mundo" y, lógicamente, todos los factores políticos puestos en juego durante el prendimiento, juicio y crucifixión de Jesús.
Previamente es necesario estudiar, aunque someramente, una serie de problemas de carácter introductorio. En especial todo lo referente a la situación vital del Evangelio de Juan: origen, lugar de composición, fecha, situación de los lectores y el ambiente que refleja. Es decir, debemos precisar el medio espiritual, intelectual y político en el cual se da el pensamiento juanino. Aunque nuestro estudio no pretende ser exhaustivo, trataremos de acercarnos a estos problemas con una metodología que establezca una serie de relaciones interactuantes que integran la totalidad literaria del Evangelio de Juan.
Esto debe ser así porque lo estrictamente teológico se da en estrecha vinculación con los factores históricos, sociales y políticos que enmarcan y condicionan el movimiento de las ideas en el Evangelio de Juan. En consecuencia, no nos acercamos a él desde un ángulo teológico aislado de toda la problemática humana que integra la experiencia literaria.


Los principales problemas de crítica literaria levantados en la actualidad en torno al Evangelio de Juan se pueden considerar desde tres aspectos: el problema de la paternidad literaria, el género literario en sí y las fuentes utilizadas para la redacción del Evangelio. Dadas las limitaciones impuestas por la naturaleza de nuestro trabajo es imposible aquí discutir con la amplitud debida todos los problemas derivados de las tres perspectivas señaladas. Nos limitaremos a dar un esencialísimo resumen del estado de la cuestión en la crítica actual, presentar nuestra postura particular y remitir al lector a la bibliografía señalada en este trabajo.
Respecto al autor, es necesario señalar que la postura tradicional, que atribuye al Apóstol Juan la paternidad literaria del Evangelio, ha sido fuertemente impugnada. La crítica protestante liberal se inclina a atribuir el Evangelio a un tal "Juan el Presbítero", de Éfeso, o a uno o varios redactores para nosotros desconocidos. Sin embargo, la crítica evangélica y la católica es unánime en defender el origen apostólico y juanino del Evangelio, considerando al menos como "certeza razonable" el que Juan, el hijo de Zebedeo, esté detrás de la tradición sobre Jesús reflejada en el Cuarto Evangelio.
Sin embargo, la impugnación de la postura tradicional - inspirada como bien lo señala Léon-Dufour en criterios provenientes de sistemas filosóficos de tipo hegeliano, o en problemas derivados de la historia de las religiones, y en menor grado en la critica interna - no ha disminuido en nada el valorhistórico del Evangelio de Juan.
Es muy posible que el Evangelio de Juan no haya sido escrito de un solo tirón; es decir, en un lapso de tiempo relativamente breve, sino que sea el producto de la fijación literaria de diferentes materiales, redactados en distintas épocas, estando aún con vida el Apóstol Juan. Por consiguiente, como sugiere Brown, Juan habría escrito los pasajes más significativos de la vida de Jesús como el núcleo de su libro. Sobre este núcleo básico, un discípulo de Juan trabajó, ampliando o añadiendo otros relatos y discursos, hasta lograr lo que actualmente conocemos como el Evangelio de Juan, el cual habría sido publicado después de la muerte del Apóstol, no sin antes haberlo él conocido personalmente.


En síntesis, el Evangelio de Juan se remonta en lo esencial a un solo autor, para nosotros Juan el Apóstol, testigo ocular de los acontecimientos que narra. Esto no significa que Juan escribiera todas y cada una de sus páginas, pero los retoques, ampliaciones y añadiduras estarían dentro de lo que bien podríamos llamar una "escuela juanina de pensamiento". De ningún modo aceptamos una postura que implique un manipuleo exagerado por parte de varios redactores y editores.
En cierto modo, al optar por una postura que considera el origen apostólico del Evangelio de Juan estamos limitando temporalmente el problema de la fecha de composición. Actualmente casi no existe un crítico que sitúe el Evangelio de Juan más allá del año 100 d.C. Ya hemos indicado que posiblemente el Evangelio de Juan vio la luz poco después de la muerte del Apóstol, probablemente durante el reinado de Trajano, aproximadamente en el 98 d.C.
La crítica hoy se inclina a establecer una fecha límite para la redacción final del Evangelio de Juan entre el 90 y 100 d.C., pero tomando en cuenta que la tradición reflejada en el Evangelio de Juan se remonta muy hacia atrás, hacia el período del 40 al 60 d.C., de manera que su primera redacción bien podría ser colocada entre el 70 al 85 d.C. De modo que la composición final del Evangelio de Juan ocupó un período de unos 40 años de predicación y labor literaria.
Aunque el lugar de composición no revista extraordinaria importancia, es necesario señalar que Éfeso permanece como la primera opción. El origen efesino, además de estar fuertemente atestiguado por la tradición patrística, satisface la impresión producida por la atmósfera intelectual que se aprecia al leer el Cuarto Evangelio. Éfeso era por ese tiempo una auténtica encrucijada filosófica-religiosa y no resulta extraño pensar que el Apóstol manifieste en su Evangelio el movimiento intelectual y espiritual de su tiempo.
En nuestra opinión, no hay quizá en el NT ningún libro que refleje, bajo tantos aspectos, el ambiente intelectual y religioso en el cual se ha formado como el Evangelio de Juan. Prueba de esto son las innumerables tentativas de ubicarlo dentro de un determinado contexto. Unas veces se le atribuye un carácter judeo-cristiano, o qumrámico, o gnóstico, o judeo-helenístico. Ha sido considerado como el depósito, ya de una particular corriente espiritual, ya de una cantidad de sistemas filosóficos.
Sin duda, en todos estos intentos hay muchos elementos valiosos, pero cualquiera asignación unilateral de la teología juanina a uno de los susodichos ambientes espirituales no sólo es imprudente y peligroso, sino que atenta contra el carácter auténticamente cristiano del Evangelio de Juan.
Por ejemplo, es muy cierto que hacia finales del siglo I d.C. aparecieron las primeras herejías cristológicas, bajo la forma del docetismo. Tales herejías concedían a Cristo sólo un cuerpo "aparente". Evidentemente contra ellas se escribió: "Y el Logos se hizo carne, y habitó entre nosotros..." (1:14). También es verdad que en los primeros años del cristianismo se formó un grupo religioso en torno a la enseñanza de Juan el Bautista (cf. Hch. 19:1-7). Y contra este movimiento se escribió: "No era él (Juan Bautista) la luz, era solamente un testigo enviado para hablar en favor de la luz" (1:8).
Existen también, aun con todas las diferencias sustanciales, impresionantes e interesantes analogías entre los escritos de la comunidad de Qumran y los textos juaninos. Sobre todo en el empleo de la antítesis luz-tinieblas. También es cierto que el Evangelio de Juan está en abierta polémica contra las corrientes filosóficas de su tiempo. Pero nada de esto fue el motivo fundamental de la composición del Evangelio de Juan.
Más bien, estas preocupaciones apologéticas de Juan apuntan a un hecho claro: el libro está dirigido a una o varias comunidades cristianas para ayudarles a profundizar y comunicar su fe en Jesucristo en un medio espiritual e intelectual que era una auténtica encrucijada filosófica y religiosa. Y para conseguir su fin Juan reinterpreta la historia de Jesús, a la luz de la nueva situación planteada por las necesidades de sus contemporáneos, hombres no familiarizados con el pensamiento hebreo, y con profundas preguntas existenciales referentes al lugar de la persona de Jesús como fuerzaviviente en el mundo.
Esto quiere decir que la estructura y el contenido del Evangelio de Juan es ciertamente análoga a la de la predicación (kerigma) de la iglesia apostólica primitiva: la proclamación de la salvación mediante la fe en el Señor resucitado. Sólo que esta proclamación no es simplemente el mensaje pascual despojado de la existencia concreta y terrenal que le otorga fundamento teológico.
Juan, entonces, declara en su obra que el Dios-Logos es el mismo Jesús de Nazaret: un judío (4:9), hijo de José (6:42) y María. El Logos es ese mismo hombre que se sentó cansado en el brocal de un pozo (4:6), que lloró por la muerte de un amigo (1:35). La fe en este hombre Jesús de Nazaret nos garantiza la resurrección y la vida. Este mensaje es absolutamente consistente con el resto de las tradiciones del NT, especialmente la paulina.


En resumen, hasta ahora hemos intentado establecer no sólo el origen apostólico del Evangelio de Juan, sino también su carácter de "evangelio", de "buena noticia". Por encima de las particularidades que hacen del Evangelio de Juan una obra sin igual, no sólo en el NT, sino en la literatura religiosa universal, se impone la evidencia del carácter histórico, terrenal, de la vida que palpita en sus páginas. Es pues, la obra de un testigo ocular que se entronca con la predicación de la iglesia primitiva. Esta predicación encamina al hombre hacia la vida que se encuentra al final de todos los acontecimientos narrados: Jesús de Nazaret.
Conviene ahora detenernos para discutir, aunque sea muy breve-mente, la perspectiva de las fuentes en las cuales se inspira el Evangelio de Juan. Dadas las limitaciones de espacio y de finalidad, sólo podemos aquí presentar un brevísimo resumen de las posibles fuentes de influencias propuestas por la crítica moderna.
Básicamente son tres. En primer lugar, la teoría de la influencia del pensamiento gnóstico. Popularizada por la Escuela de la Historia de las religionesdurante las primeras décadas del presente siglo, tiene en W. Bauer y R.Bultmann a sus más calificados representantes.
El término gnosticismo no es ciertamente algo bien definido, pero se ha determinado algunos de sus elementos característicos: un dualismo ontológico; seres intermediarios entre Dios y los hombres; el alma como una divina prisionera de la materia; la necesidad de un conocimiento esotérico para liberar al alma; este conocimiento lo obtienen unos pocos iniciados solamente.
El gnosticismo clásico, tal como lo conocemos en los prejuiciados y hostiles comentarios de los insignes representantes de la Patrística, aparece como un movimiento plenamente desarrollado en el siglo II d.C. Y si nosotros fechamos el Evangelio de Juan entre los años 9O-1OO d.C. tenemos que rechazar cualquier sugerencia de influencia gnóstica.
Además, al descubrirse en Chenoboskion, Egipto, una biblioteca gnóstica se logró un conocimiento más objetivo del gnosticismo. El estudio de estas obras gnósticas permitió comprobar que la teoría de la influencia gnóstica sobre Juan es completamente falsa; fueron los gnósticos quienes copiaron a Juan.
Sin embargo, Bultmann intentó reelaborar la teoría sugiriendo la posible existencia de un gnosticismo precristiano de tipo oriental diferente al gnosticismo helenizado del siglo II, y particularmente expresado en la literatura mandeana.
La más importante y singular teoría en la reconstrucción bultmaniana del gnosticismo precristiano es la pretendida correspondencia entre el mitomandeano del "Redentor Redimido" y la cristología del Evangelio de Juan.
Aunque reconocemos que la teoría de Bultmann modificó seriamente el panorama de les estudios juaninos, creemos que el problema de la existencia de un gnósticismo precristiano sigue teniendo serias dificultades históricas. Las doctrinas conocidas de la teología mandeana son fechadas relativamente tarde en la era cristiana, lo cual nos permite suponer que la identificación del redentor gnóstico con la figura del Hijo del Hombre juanino es un desarrollo posterior al cristianismo mismo. En consecuencia, la propuesta influencia gnóstica ha sido rechazada por la crítica actual por carecer de una sólida base histórica.
La segunda fuente de influencia propuesta es el pensamiento helenístico. Previamente es necesario hacer la siguiente observación: hay una fuerte presencia helenística en el judaísmo del tiempo del NT, tanto en Palestina como en la Diáspora. Por lo tanto, si hay algún contacto o dependencia de Juan con el judaísmo contemporáneo, es inevitable considerar una influencia helenística sobre Juan.
Respecto a la relación entre Juan y la filosofía griega, sólo algunos viejos comentaristas han señalado posibles contactos con un tipo de platonismo popular y con el estoicismo. Se ha pretendido ver como platónico a una serie de contrastes frecuentes en el Cuarto Evangelio: ejemplos, entre "lo de arriba" y "lo de abajo" (3:31); entre el "espíritu y la carne" (3:6); entre la vida espiritual y la vida natural (11:25,26).
Es posible que tales similitudes sean explicables por los contactos de Juan con un judaísmo ya helenizado. Además, el AT mismo registra algunos de los contrastes contenidos en Juan.
El paralelo con el estoicismo ha sido sugerido por el uso de la palabra "Logos" en el Prólogo, pues era un término muy popular en el estoicismo. Sin embargo, los críticos han demostrado que no hay realmente razones para pensar en una influencia estoica sobre el pensamiento juanino. En realidad existen notables diferencias en el empleo del termino por ambas partes.
Otra influencia helenística propuesta ha sido el intento de Filón, contemporáneo de Jesús, de combinar el judaísmo con la filosofía griega. No hay evidencias definidas de que la obra de Filón hubiera sido conocida en Palestina durante el siglo I, pero bien pudo Juan tener algún contacto con el filonismo fuera de Palestina. La opinión de C.H.Dodd de que el filonismo y la literatura hermética sea el trasfondo principal del pensamiento juanino, ha sido rechazada: y las semejanzas en el lenguaje figurado y en el simbolismo entre ambos probablemente se debe a la mutua dependencia de la literatura de Sabiduría del AT.
La última influencia helenística propuesta por algunos críticos es el
hermetismo, especie de movimiento filosófico~religioso desarrollado en Egipto entre el siglo II y III d.C. alrededor de la figura mitológica de Hermes. Nuevamente, la literatura hermética, que refleja un sincretismo platónico-estoico con ideas religiosas egipcias, es muy posterior a la composición del Cuarto Evangelio.
La tercera fuente propuesta para el pensamiento juanino es el judaísmo palestinense. Una gran cantidad de críticos ha llegado a la convicción de que el principal trasfondo del Evangelio de Juan lo constituye el judaísmo palestinense del tiempo de Jesús. Este judaísmo estaba muy lejos de ser algo monolítico. Por lo tanto debemos considerar por lo menos tres aspectos: la influencia del AT, el judaísmo rabínico y el judaísmo de Qumran.
Respecto al AT podemos decir que Juan, aunque tiene pocas citas directas del AT refleja aún más claramente que los sinópticos la corriente de pensamiento antiguotestamentaria. Por ejemplo, Jesús es presentado como el Mesias, el Siervo Sufriente de Isaías 53, el Rey de Israel, el Profeta, el Pastor, etc. Aún más, es evidente que la historia de Moisés y del Éxodo domina fundamentalmente el lenguaje y las figuras e imágenes del Cuarto Evangelio. Al punto de que muchos comentaristas han sugerido una dependencia estructural del Evangelio de Juan con respecto al libro del Éxodo. Posiblemente esto será algo exagerado, pero es innegable la importancia de la tipología mosaica para comprender el pensamiento teológico del Cuarto Evangelio.
Además de los motivos mosaicos, son fundamentales los provenientes de la literatura sapiencial: Proverbios, Salmos, etc. Al igual que los motivos provenientes de los Profetas, especialmente de Isaías y Ezequiel.
La importancia dcl judaísmo rabínico estriba en el hecho de que la obra de los rabinos es la continuación del judaísmo farisaico de los tiempos de Jesús. Actualmente se escribe mucho sobre las relaciones entre Juan y los escritos rabínicos, y son numerosos los paralelos señalados por los eruditos. La fuerte influencia rabínica en el Evangelio de Juan se explicaría si el autor fuese alguien bien familiarizado con el judaísmo del tiempo de Jesús.


Por último con el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto el acercamiento moderno al Evangelio de Juan ha sufrido un cambio radical, aunque no hay nada definido al respecto y aún se escribe mucho sobre el asunto. Los paralelos entre Juan y los escritos de Qumran son tan sorprendentes que definitivamente se ha de descartar para siempre la idea de que el Evangelio de Juan sea el producto pleno del mundo helénico.
Aun así, la relación entre Juan y Qumran no parece ser directa, sino más bien es una relación con un cierto tipo de pensamiento y lenguaje común a una amplia esfera religiosa en Palestina. Por lo tanto, no podemos excluir la posibilidad de que Jesús mismo conociese ese tipo de pensamiento y hablase el mismo tipo de lenguaje. Así detrás de la aparente dependencia de Juan a Qumran puede estar en realidad la enseñanza misma de Jesús.
En resumen podemos decir que en la elaboración del pensamiento teológico de Juan han sido combinados los diversos modelos conceptuales a los cuales nos hemos referido. Reconocemos en el autor del Evangelio, básicamente Juan el apóstol, a un verdadero genio teológico y literario. Vemos en Juan a un pensador que supo compenetrarse tan profundamente con el pensamiento y el lenguaje de su maestro que hoy ni la más refinada crítica literaria es capaz de separar lo que corresponde a uno o al otro; algo así como lo ocurrido entre Sócrates y su discípulo Platón.
Por eso al decir que Juan combinó, por cierto magistralmente, diversos tipos de pensamiento no damos por sentado que hayamos llegado a "la fuente" de la teología juanina. Y aunque Juan interpretó, como lo hizo toda la iglesia apostólica, la figura de Jesús en el trasfondo del pensamiento del AT y del judaísmo palestinense, creemos que en el corazón de la teología juanina está la enseñanza misma de Jesús. De suerte que el Evangelio de Juan jamás pierde su carácter específicamente cristiano.
En el Evangelio de Juan también tenemos el kerigma apostólico primitivo: la proclamación de la salvación mediante la fe en el Señor resucitado. Esta proclamación se fundamenta en un hecho histórico: la vida y enseñanza de Jesús de Nazaret.
La historicidad del Cuarto Evangelio no significa que Juan intente describir científicamente el pasado, hacer una crónica desinteresada y objetiva de los acontecimientos que llenaron la vida de Jesús de Nazaret.
El proyecto juanino es iluminar el presente de la iglesia cristiana del primer siglo con la luz de ese pasado tantas veces predicado y amorosamente guardado en la memoria apostólica. Así el Evangelio de Juan adquiere un extraordinario sentido de contemporaneidad, y la luz que iluminó al hombre del siglo I (1:9) ilumina hoy con el mismo soberano resplandor al hombre de todos los siglos.

viernes, 3 de enero de 2020


BIOGRAFÍAS PORTÁTILES (25): JOSÉ FRANCISCO JIMÉNEZ
Biografías Portátiles (25): José Francisco Jiménez se refiere a este historiador y luchador social que nos honró con su presencia en Valencia, la de Venezuela. JCDN.



El profesor, escritor y luchador José Francisco Jiménez Castillo (Caracas, 22/5/1954-Valencia, 16/2/2007) ha dejado su impronta en nuestra convulsa ciudad, esta es Valencia de San Simeón el estilita o del Bolívar encaramado en el monolito. Tuvimos el privilegio de conocerlo en la Universidad de Carabobo, cuando junto a Ismael Noé y otros hermanos de fe militábamos en el MUEVE (Movimiento Universitario Evangélico Venezolano). Fue uno de nuestros referentes fundamentales en lo tocante a la realización viva de la Teología de la Liberación.

Profesor de Secundaria y universitario, apostó fundamentalmente por un diálogo significativo y a calzón quitado con sus alumnos. Recordamos que, por ejemplo, les hacía leer sus propias ponencias en los Seminarios de Historia, para estimular en ellos un afán de investigación participativa y liberadora.

La Historia, la Política y el Cristianismo constituyeron en José Fran el Trípode Vivo de un modo de vida religioso y combativo que redundaba en la promoción de la Justicia, amén de la Opción preferencial por los pobres. Con él habíamos participado en jornadas de protesta como la anulación de la expulsión y proscripción de Simón Bolívar acordada por una sociedad política cómplice en la Casa de la Estrella, Valencia, el año 1830 (ello en el marco hipócrita del Bicentenario de su Natalicio de 1983), así como contrariar el proyecto religioso e imperialista de las Nuevas Tribus.

Incluso, poco tiempo después (inicio de la década de los ochenta), caímos en cana José Francisco, Edmundo Lasdinz y este salmista compulsivo en las celdas carabobeñas. La breve prisión, con ruleteo policial agregado de la policía de Navas Spínola a la DISIP en la Urbanización La Alegría, se motivó a que MUEVE denunció el crimen policial del estudiante ucevista Ismael Humberto Bolívar Ríos. En ese trance, nuestro amigo José Fran no se acobardó ante la cuestionada autoridad policial que va del uniforme azul al negro.

Años después, ya distanciados del MUEVE secuestrado por el fundamentalismo evangélico encabezado por el Doctor Víctor Cuadra, leímos con atención y placer su Historia de Vida dedicada a uno de nuestros políticos y escritores más aguafiestas: Domingo Alberto Rangel en la Venezuela del Siglo XX, aporte teórico-político, publicado por Mérida Editores el año 2005. No nos queda duda de la calidad discursiva y biográfica de este muy sentido libro.

No obviamos ni su participación asertiva en la APUC (Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo) junto al profesor y presidente Eliézer Meleán, lo cual le acarreó la persecución por parte del entonces Rector Ricardo Maldonado (QEPD) y su despido injustificado de la Universidad. Por fortuna y su propio tesón, Jiménez Castillo triunfó en el litigio laboral correspondiente.

Ni tampoco echamos al olvido su rol activo en las intentonas golpistas del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992, las cuales supusieron derrocar a la Cuarta República e instaurar un proceso de cambios políticos, sociales y económicos que sacudiera al Estado venezolano como tal (lo cual sigue siendo una deuda histórica para con la nación). A tal punto, nos dice Ismael Noé: “Cofundador del MBR-200, participó en las rebeliones militares del 4-F y 27-N, además de la Operación León de Profecía que pretendía el rescate del Comandante Hugo Chávez de la cárcel de Yare. Chávez se refería a él como ‘el ideólogo del movimiento’. Denunció públicamente y en la calle el Golpe de Estado del 11 de Abril 2002”. Estamos ante la auténtica yunta Utopía y Praxis, actitud de vida reñida con los politicastros de siempre sin importar las manos derechas o zurdas pervertidas y sucias.

El paladinismo político de Jiménez Castillo es todavía proverbial y, claro está, romántico. Nos gustó cuando entrevistó sin poses academicistas ni mediáticas a Don Abelardo Cuadra, nuestro legionario del Caribe redimido por Augusto César Sandino. Lo cual no desentona con su gusto por las baladas de Camilo Sexto, José Luis Rodríguez o Julio Iglesias. Enamorado de Deisy, concibió cuatro hijos: José Francisco, José Abraham, Esther y Moisés. Nomenclatura filial baladista y evangélica, por demás vivaz.

Un cáncer pulmonar nos lo arrebató, por los momentos, hace 19 años. Sin embargo, integra la patota de los caballeros andantes y majaderos como Bolívar, Zamora, Zapata, Villa y Sandino. En el caso de José Francisco, acompaña las cabalgaduras y carros de guerra con su Zephir azul que se comía la autopista regional del centro en una hora y piquito de Valencia a Caracas. Un abrazote para José Fran y su clan libertario.

José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC


BIOGRAFÍAS PORTÁTILES  (26): MUEVE
Biografías Portátiles (26): MUEVE se trata del desempeño del Movimiento Universitario Evangélico Venezolano en la Valencia de Venezuela. JCDN.
A Ismael Noé y Pedro Téllez



MUEVE o el Movimiento Universitario Evangélico Venezolano, estuvo integrado por una llamativa y estupenda generación de universitarios carabobeños entre las décadas del 60 y el 80 en la ciudad de Valencia. Estudiantes y docentes de la Universidad de Carabobo como el Doctor Víctor Cuadra, el historiador José Francisco Jiménez, José Sada, Aristóbulo Chirivella, Edmundo Lasdinz, Roco Nocella, Pepe Perdomo, Enrique “Quique” García Grooscors, Ismael Noé y el gordo Martín, hicieron sentir la voz plural, ecuménica y unitaria de la organización en los tiempos posteriores al Mayo Francés de 1968.



Oriundo de otra organización universitaria por desgracia fundamentalista, el Grupo Alfa y Omega del acaramelado capitalista Bill Bright, los conocí en los inicios de mis estudios de Educación en la UC. Al punto de migrar al MUEVE, pues me cautivó su inquietud intelectual y fortaleza crítica enclavadas en un cristianismo verdadero de catacumbas: Esto es una propuesta comunitaria distante de las Iglesias como aparatos ideológicos del Estado.
No se trataba de la evangelización compulsiva por vía del ardid publicitario e ideológico de “Las cuatro leyes espirituales”, ello en procura apresurada de nuevos clientes religiosos, sino la realización de la comunidad en Cristo en el teatro de operaciones de un mundo muy complicado. Hablar de Cristo no es una operación mercantil-confesional, sino diálogo abierto sobre el cristianismo como modo de vida no desvinculado de la actuación histórica y social. Nuestras referencias tutelares, en el buen sentido del término, son aún un Cristo vivo no idealizado ni ideologizado –claro está-, Martin Luther King, Gandhi y el teólogo alemán Dietrich Bonhöeffer martirizado por los nazis.
Nos alimentábamos también de la revista y los libros publicados por la Editorial argentina Certeza: Especialmente accedimos a Samuel Escobar, René Padilla, C.S. Lewis y John Stott, autores teológicos que apostaban por una Teología de la Liberación desde el protestantismo.
Era una referencia el Mural de MUEVE en el Rectorado de la Universidad de Carabobo. Ilustraba a la ciudad con figuras y versículos bíblicos extraídos de versiones populares muy accesibles al pueblo latinoamericano. Evidenciando, eso sí, un tenor profético de denuncia política, religiosa y social. Precisamente, el MUEVE se escindió en dos bandos debido a una imagen del Mural que hacía referencia al tricolor de la golpista bandera liberadora de Venezuela 1992: Los fundamentalistas evangélicos, liderados por Víctor Cuadra y Edmundo Lasdinz; y los ecuménicos socialistas entre los que destacaron José Francisco Jiménez, Quique García Grooscors e Ismael Noé. Por supuesto, dada mi formación anarco-teísta, apunté por el segundo grupo “rojo”, valga la alusión a la Segunda República Española escarnecida por falangistas y estalinistas.
El muralismo muevista no sólo se expresó en el Rectorado, sino también en el centro de Valencia (donde por fortuna todavía está su mural) y diversos espacios de Bárbula, al que los poderes fácticos mientan Campus Bárbula en una alienada nomenclatura de Centro Comercial con Club Dubi-Dubi en el sótano a manera de night club decadente.



Los volantes de MUEVE, en esténcil o fotocopias, no eran simples slogans pseudo-religiosos de ocasión, sino documentos de una cuartilla que tocaban temas como el desmadre y envilecimiento del sector universitario, la represión policial, una lectura dinámica del ministerio de Cristo más allá de la Semana Zángana, el ecologismo y la proliferación de sectas extranjerizantes.
Nuestro ministerio universitario enfrentó a los poderes fácticos dentro de la UC. Por ejemplo, al Procónsul cultural Don José Napoleón Oropeza quien pretendía arrebatarnos el cubículo ubicado al lado de la no muy santa ni pro-estudiantil Federación de Centros Universitarios. En las primeras de cambio nos impusimos, sólo que años después, el nefasto Gobernador Henrique Salas Römer Padre ordenó un brutal allanamiento de la universidad que confiscó los cubículos a los grupos políticos, religiosos y culturales alternativos.
La Historia nos dio la razón, no sólo en lo tocante al daño que El Comisario estalinista Oropeza propinó años después a la cultura de la ciudad, ello por vía de la corrupción, la exclusión y la ideologización esteticista y falangista en el Ateneo de Valencia; sino también en lo concerniente al apiñar en el partido ORA de Godofredo Marín una clientela evangélica exclusiva (antecedente del vasallaje ciego y fundamentalista que votó por Javier Bertucci en Venezuela y por Jair Borsolano en Brasil). La lucha por restituir la justicia y una sociedad mejor, no sólo debe ser ecuménica sino también plural, universal y progresista.
Pude participar en dos jornadas de protesta memorables: El desmontaje del hipócrita festejo relativo al Bicentenario del Natalicio de Simón Bolívar (Casa de la Estrella, centro de Valencia, 1983) y la denuncia de los crímenes policiales en el caso del estudiante ucevista asesinado Ismael Humberto Bolívar Ríos (1984). Respecto al primer grito libertario, todavía –que yo sepa- ningún Congreso ni ninguna Asamblea Nacional ha derogado la infamia de la Casa de la Estrella, 1830, que proscribió y expulsó a Bolívar del país liquidando a la Gran Colombia. El segundo, nos trajo consigo a José Francisco Jiménez, Edmundo Lasdinz y mi persona un breve presidio con ruleteo añadido del tristemente célebre Cuartel policial de la Navas Spínola a la DISIP de la Urbanización La Alegría.
Lamentablemente, el vacío generacional y la intolerancia del sector evangélico fundamentalista de Cuadra y Lasdinz fueron los catalizadores de la descomposición y desmembramiento del MUEVE-Valencia. Sin embargo, en ese grupo aprendí el significado solidario del término “conciencia de clase”, no sólo a través de la Biblia, los volantes y murales del Grupo sino en la acción evangélica a campo traviesa: Cuando me secuestró la DIVINTEL en el Rectorado, con motivo de una protesta contra los crímenes policiales, el flaco Ismael se guindó del carro postizo de los polizontes para rescatarme en una arriesgada y poética maniobra. Como dicen los jesuitas, para la mayor Gloria de Dios.
José Carlos De Nóbrega / Ciudad Valencia

jueves, 2 de enero de 2020


BONHÖEFFER: VIDA EN COMUNIDAD
José Carlos De Nóbrega



Vida en Comunidad (1979) es un libro breve que colinda con la Teología de la Liberación, pese a que no hay un tratamiento directo del tema político como en Resistencia y Sumisión, otro de sus títulos póstumos. En este caso, tenemos un brillante ensayo teológico sobre la comunidad cristiana que excede el formalismo religioso, ello para ratificar su condición de modo de vida colectivo en Cristo.
Aborda con sencillez discursiva y claridad argumental-bíblica la cotidianidad, los rituales y la esencia de la comunidad cristiana enclavada en el calor de la vida en el mundo. Los cristianos, convocados por Dios en la Iglesia, viven en la vorágine o Pandemonium del entorno histórico-social que les toca vivir. Por lo que la comunidad en Cristo no está bajo una cúpula segregacionista de cristal.
 La comunidad cristiana que es la Iglesia, ha de constituir un estado de gracia, no una institución burocrática, ni autoritaria, mucho menos clasista. El tema preocupó a Dietrich Bonhoeffer, no sólo en lo teológico sino en lo vivencial, pues recordemos que además de la prisión y la ejecución sumaria, los nazis lo separaron ilegal e ilegítimamente de la comunidad evangélica que él dirigía en Alemania.
El principio rector de la vida en la iglesia cristiana es éste: “comunidad cristiana significa comunidad en y por Jesucristo”. Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. De lo contrario, la Iglesia ejercería un poder opresor desencaminado y reñido con el evangelio de liberación.
Una categoría que nos sacudió el entendimiento y nuestra experiencia de fe en Cristo, fue el de las “ensoñaciones piadosas”, enclavadas en un egocéntrico e insufrible ‘deber ser’ que esclaviza al pecador a un anti-bíblico código moralista. Estos esperpentos psíquicos y –por qué no- ideológicos, no son más que el fundamento pernicioso, funcionarista y elitesco de un discurso intolerante y explotador del Poder.
En la vida en comunidad cristiana ha de prevalecer lo espiritual a contracorriente de lo psíquico (paranoia, neurosis y megalomanía desde arriba) y el Poder vertical que apoca al prójimo pecador y más vulnerable. En este sentido, Bonhoeffer es categórico: “Dios no creó a mi prójimo como yo lo hubiera creado. No me lo dio como un hermano a quien dominar, sino para que, a través de él, pueda encontrar al Señor que le creó”.
Importa, en esa atmósfera liberadora, vivir intensamente el día a día en la comunidad cristiana: Desde el alba hasta la noche, reconozcamos la mayordomía o, mejor aún, el amoroso comando, de Jesucristo en nosotros. Por ejemplo, compartir el Pan –la eucaristía- es un acto comunitario y libertario en Cristo por excelencia.
El silencio que conlleva la meditación, referido a la experiencia cristiana de cada quien, no desdice a la comunidad en Cristo. Por el contrario, el diálogo individual con Dios se complementa con el compartir y la conversación con mis hermanos de fe.
La intercesión, orar por el Otro presentándolo a Cristo, es un acto de Amor y Liberación que repercute naturalmente en el entorno histórico-social. La oración no es un pliego de peticiones compulsivo, sino entraña una poética del Decir concreto e inmediato que transforme al mundo.
Servir al Otro, dentro y fuera de la Iglesia auténtica, constituye otro de los principios rectores de la vida en comunidad, el cual se opone a un sistema jerárquico religioso que la reseque. El servicio comunitario cristiano supone el desmontaje de los discursos y prácticas del Poder malsano.
El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho: No juzgar para atizar e inducir la culpabilidad del Otro. Se propone la confraternidad participativa de “débiles” y “fuertes”. Lo cual involucra a la Iglesia y al mundo que la constriñe.
He aquí una pregunta clave que nos formula nuestro teólogo: “¿cómo, finalmente, podría ser liberadora y salvadora (la comunidad en Cristo), si en lugar de proceder de la caridad que lo soporta todo, procede de la impaciencia y del espíritu de dominio?” Esta es una materia pendiente no sólo de la jerarquías religiosas (¿qué decir del Episcopado venezolano?), sino de una clase política indolente, corrupta y cómplice que apuesta por la destrucción de una nación a su favor. Claro está, el pueblo –religioso o no- tiene este estímulo para reformular la lucha por su liberación y, por ende, la recuperación de la República de nuestros fundadores.


BONHÖEFFER: YO HE AMADO A ESTE PUEBLO
José Carlos De Nóbrega

En esta selección breve de textos variopintos, prologada por Hans Rothfels, nos topamos con una de las preocupaciones temáticas fundamentales del pensamiento de Dietrich Bonhoeffer (Breslavia, Imperio alemán, 4/2/1906-Campo de concentración de Flossenbürg, Alemania, 9/4/1945): El cristianismo como modo responsable de vida que se debate entre resistencia y sumisión –valga la alusión al libro homónimo publicado por Sígueme en 1979-. Sean la rebelión o la obediencia servil de la comunidad cristiana hacia adentro o hacia el entorno político-social.
Los seis escritos fueron tomados de la obra póstuma del teólogo alemán al cuidado de su amigo y promotor Eberhard Bethge. Son “Cartas a un hombre joven”, “Después de diez años”, “La confesión de culpa”, “Bosquejo inconcluso del año 1942, en ocasión de renunciar a una cátedra luego de una subversión”, “De un fragmento de drama” y el poema “Voces nocturnas”.
No obstante, la diversidad de géneros de escritura, el conjunto se refiere al período previo y posterior a su detención. Bonhoeffer fue confinado como preso político en abril de 1943, siendo ejecutado dos años más tarde. Por ejemplo, “Después de diez años” es un documento crítico contundente en contra del nazismo (1932-1942). La panorámica poco agorera de una Alemania poderosa, ilusoria y expansionista no se queda en el papel, sino que del diagnóstico se desprende la asunción del coraje cívico como solución inmediata.
La resistencia, pues, posee una profunda esencia cristológica: “Cristo eludió el sufrimiento hasta que hubiera llegado su hora; mas entonces fue a su encuentro en libertad; se posesionó de él y lo venció”. El sacrificio apuesta, en este contexto opresor, por la reconstrucción de una República viva, tolerante y progresista.
“La confesión de culpa” (1942) es el grito expresionista y profético que arremete contra los vicios de la Iglesia cristiana alemana y su tibieza, por demás injustificable, ante el totalitarismo de Hitler y su Cofradía suicida. Nos remite, por supuesto, al Apocalipsis de San Juan, excediendo la paráfrasis lo textual: “Debido a su propio enmudecimiento, la iglesia se hizo culpable de la pérdida de acción responsable, de la falta de valentía que se necesita para ser solidario y dispuesto a ayudar, para sufrir por lo que se ha reconocido como lo verdadero”. El desmadre republicano se correspondía con la inútil edificación de un Imperio, el III Reich.
El poema de cierre, “Voces nocturnas”, ambientado en la sórdida y mala prisión, oscila entre la angustia depresiva en el Huerto de los Olivos y la esperanza victoriosa del Cristo crucificado. No hallamos reconvenciones piadosas ni quejas moralistas. Priva la transfiguración en un nuevo cuerpo –esta vez poético- que antecede la Parusía desbaratadora de las clases sociales, las guerras entre ricos y pobres y el pecado estructural y configurador del status quo.
La culpabilidad que amarra de pies y manos a la feligresía, por obra y gracia de una impía mediación sacerdotal, es despojada de su piadosa máscara alienante: “¡Sólo la culpa es tenebrosa!”.
La historia no la escriben los vencedores que promueven la explotación de las mayorías en un marco de injusticia. Es la comunidad ecuménica en lo religioso, lo filosófico y lo político, la que ha de ejercer una historiografía a contracorriente: “Separa un pobre ayer de un hoy pobre”. 
El colofón no da pie a la resignación ni el conformismo ante el paredón o la horca. Por el contrario, destila el brillo indiscutible de las grandes causas humanísticas con su martirologio obstinado en el Amor:
“Extendido sobre mi catre,
Con la mirada absorta en la pared gris.
Afuera una mañana de estío que aún no es nuestra,
Invade la campiña con su resplandor.
Hermano, hasta que al final de la larga noche
Amanezca nuestro día,
¡Resistamos!”

Este llamado de Dietrich Bonhoeffer nos sigue sacudiendo Hoy en pos de la liberación como proceso permanente de redención personal y colectiva.


DIETRICH BONHÖEFFER, UN TEÓLOGO DE LA LIBERACIÓN
José Carlos De Nóbrega

Si bien Dietrich Bonhoeffer (Breslavia, Imperio alemán, 4/2/1906-Campo de concentración de Flossenbürg, Alemania, 9/4/1945) no es un teólogo de la liberación como los latinoamericanos Gutiérrez, Boff y Freire, pudiéramos considerarlo uno de sus antecedentes notables, no sólo por haber enfrentado política y religiosamente al nazismo, sino también por el compromiso con la libertad patente en sus escritos más esclarecedores.
Por ejemplo, es imprescindible citar Resistencia y Sumisión (Ediciones Sígueme, Salamanca, 2008), cuya primera edición –póstuma, claro está- data de 1951, gracias al celo de quien sería uno de sus biógrafos, Eberhard Bethge. Supuso una reconstrucción lo más fidedigna posible de su estadía en prisión, previa a su ejecución en la horca que hoy, 9 de abril de 2019, cumple 74 años.
Además de la correspondencia, acosada por la censura nazi y facilitada por amigos oficiales del presidio, se compilaron poemas, oraciones y textos teológicos. Por supuesto, el lector no puede pasar de largo la lectura del documento “Balance en la transición a 1943. Al cabo de diez años” (publicado por la Editorial argentina La Aurora), un profundo y corajudo ensayo sobre el desmadre del milenio nazi que, por fortuna, duraría doce años. La ética cristiana se desborda para restituir la justicia, a la vera de la profecía bíblica y el análisis político-social, en una Europa estragada por la guerra.
Nos comenta Bethge que este título póstumo, pero significativo, se convierte en la película del cautiverio de Bonhoeffer, o edifica –a nuestro entender- un gran poema polifónico en verso y prosa en el que el pastor luterano “combina los aspectos más personales con los mundiales, elaborando así, en una síntesis sensacional, la unidad en un espíritu superior y en un corazón sensible”. La mística incubada en la prisión es cristianismo rebelde y díscolo con el genocidio y la guerra como negocio y expansión territorial esclavizante.
Incluso un libro teológico “puro” como Vida en Comunidad, editado también por Sígueme en 1979, critica los vicios de las jerarquías religiosas y sus “ensoñaciones piadosas” cuando arremeten contra los pecadores más vulnerables y, en consecuencia, entenebrecen el devenir histórico y espiritual de la comunidad cristiana. Reivindica la primacía del amor y el perdón muy por encima de los formalismos religiosos institucionales y, por supuesto, la superioridad moral. Una auténtica vuelta a la experiencia extrema y solidaria del cristianismo de las Catacumbas, significa la asunción de un modo de vida religioso liberador y propiciador del cambio social dentro y fuera de la Iglesia.   
No nos queda duda que Bonhoeffer posee la estatura ética, utopista (la utopía no es una pieza fantástica sino la formulación de un mejor mundo por venir) y comprometida de Martin Luther King, Gandhi, Camilo Torres y Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Todos ellos, al igual que Sandino, Farabundo Martí y el poeta Roque Dalton, integran el martirologio que apuesta por la vida y no por la muerte que entraña la sumisión de las mayorías. Ello no obstante las convicciones religiosas y políticas de cada cual. Las clases dominantes insisten en enfrentar la religión, la política y el arte como modos de vida que se aborrecen. Por el contrario, son evidentes sus vínculos con la liberación de la humanidad y la restitución de un mejor nivel de existencia.
Dietrich Bonhoeffer no se refugió en ninguna cátedra teológica en Nueva York, ciudad en la que también se formó. Apostó por organizar a la gran Iglesia de Cristo que no quería plegarse a la villanía envilecida del totalitarismo de Hitler y Mussolini. A tal punto, se le prohibió en Alemania ejercer el magisterio universitario, la escritura profética-teológica y, peor aún, la conducción de su propia comunidad religiosa.
A setenta y cuatro años de su ejecución y martirologio, sus libros siguen apasionando nuestro corazón cristiano y rebelde. Por tal razón, un grupo de amigos (Ismael Noé, Martín Lara, Quique García Grooscors y este polemista compulsivo) estamos constituyendo el Centro de Estudios Teológicos “Dietrich Bonhoeffer” en Valencia, la de Venezuela. Muy pronto informaremos de nuestras actividades.
En próximas entregas, profundizaremos en la obra de Bonhoeffer como luchador, profeta, teólogo y creador literario.